Mentira la verdad (serie documental, sinopsis libre, II)












II. Desarrollo


Mentira la verdad (filosofía a martillazos) es un ciclo emitido por el canal público de Argentina llamado "Encuentro" "destinado a jóvenes especialmente entre los 12 y 19 años". 
Debajo de la entrada se consigna el link para su visionado, tanto en Youtube como en otros portales.
Importan estas aclaraciones puesto que, entre otras cosas, la dramatización del documental -participación de actores- es un relato importante que armoniza polifónicamente con el nivel expositivo-explicativo en la voz de Darío Sztajnszrajber, narrador que entabla una relación explícita al tiempo que con los personajes de los actores con el televidente. Él mismo se transforma en un actor-personaje. Aquí se omitirá esa parte en gran medida, aunque no del todo, haciendo hincapié en el texto del narrador-Sztajnszrajber, que, como aclaran los títulos, es uno de los tres guionistas. 
Aprovechamos para hacer crítica de términos y del discurso cuasi político-propagandístico que aquí se puede observar, estructuralismo de niveles lexémicos (incluidos giros) y neologismos. 



La filosofía
Primeramente hay una binaridad del lenguaje que propone Sztajnszrajber para explicar filosofía: pensamiento filosófico-pensamiento cotidiano. También pensamiento filosófico-pensamiento-técnico y, finalmente, pensamiento cotidiano-pensamiento técnico. 
Hay metaforización aquí porque se pretende nivelar disciplinas, tal vez dos disciplinas (técnica y filosofía), con la oralidad a través de la sustantivación "pensamiento" que corresponde a las tres: técnica, filosofía, cotidianeidad. Esta última no es ninguna disciplina sino más bien el fenómeno discursivo vulgar, basado o sustentado en el habla. La filosofía también no es y no tiene disciplina aunque sí su bibliografía. 
La filosofía se pregunta por el qué y la técnica por el cómo. Recordemos a Wittgenstein: el qué y el cómo en su oposición entre la mística y la lógica científica. El cómo suplanta al adverbio de modalidad o modo por ende lleva en sí mismo la metáfora del discurso técnico basado en la causalidad. El qué de la filosofía metaforiza en relatividad o relativismo -neologismo empleado bastante ya sea con adjetivos, o en solitario-, pronombre interrogativo y relativo. 
Ahora bien si invertimos la propuesta clásica y decimos que la filosofía no explica el qué sino que es más bien el qué en el cómo (en la técnica y en la cotidianeidad), también estamos metaforizando pero con el agregado de que el discurso técnico tiene en su devenir ciertos ajustes de tuerca, (Cf. la noción de arruga en Michaux). "La pregunta por el cómo tiene respuesta, la pregunta por el qué, no" (Sztajnszrajber) Ergo, la pregunta por el qué es su respuesta: la interrogación es de suyo una crisis de identidad en cualquiera de sus manifestaciones. 
Por otro lado hay algo que une estas "disciplinas" tan establecidamente opuestas: cotidianeidad -podemos decirle parole- y la técnica. Las caracteriza un pragmatismo, una transparencia referencial, una densidad sémica alta, o también -se utiliza- el opuesto automatización-desautomatización (otro binarismo). 
Por ello la metaforización que conjunta los tres términos como "pensamientos" es problemática. En la medida que cada una de estas "actividades" se acopla a los hechos parece haber menos "pensamiento". Para algunos, sólo puede haber pensamiento en la filosofía y en el arte, dado su carácter desautomatizado.
Al referir en una y otra actividad más cercanía a los hechos hay más funcionalidad o utilidad. (Aquí hay Metaforización del lenguaje, nivel paradigmático, metafórico o connotativo: función=útil=pragmatos)
El empleo de la binaridad en el discurso humanístico y hasta técnico posee estas conformaciones de palabras compuestas basadas a su vez en palabras compuestas si se observa la etimología, que no es en realidad sino estudio comparado de idiomas. Filosofía ya es una palabra compuesta ahora unida por un guión a la palabra pensamiento con que obtenemos tres (el espacio mismo entre dos palabras o una construcción de sustantivo y adjetivo: pensamiento+amistad o amor+sabiduría) 
Según Sztajnszrajber otra cualidad de la filosofía sería el análisis de lo obvio: esto genera la proliferación de próximas metaforizaciones iluminadas claramente por lo antes dicho: automatización, pragmatismo, funcionalidad, utilidad, apariencia, generalización, universales, transparencia y por transparencia a invisibilidad es muy fácil irse. Lo obvio desaparece, y el prejuicio socrático, el "no sé nada" siempre es vigente. Además Sztajnszrajber refiere que la obviedad sucede cuando las apariencias se presentan como "verdades puras". En este nivel de metaforización "verdad" y "pureza" son altamente pleonásticos. "La filosofía no sirve para encontrar la verdad", dice Sztajnszrajber. A esta altura ya se podrá notar que el nivel paradigmático o la metaforización del lenguaje parece más que relevante y hasta burlesca ya que ejecutando un ejercicio de transvaluación nietzscheano (resumido como una crítica sistemática a los valores mediante la revalidación del contrario) terminamos en una proposición galénica o el mero nonsense: que la verdad nos dé la verdad. 
Finalmente, Sztajnszrajber propone la tesis platónica de la filosofía: ayudar a morir o aprender a morir, metáforas de este otro giro "calidad de vida".
Estas binaridades (pensamiento técnico-cotidiano-filosófico) pueden ser propagandísticos; pertenecen a esta categoría en tanto que, desde un punto de vista sartreano por ejemplo, -se inspira la copia de la profesión, se profesa-, Sztajnszrajber está limitando la realidad expositiva cuya naturaleza es intertextual a sus competencias de formación, de lectura, y dentro de esta, a su gusto lector. 


El orden
En este episodio, tenemos neologismos: cosmocentrismo, antropocentrismo, teocentrismo. También en este nivel se asocia caos a lo malo y orden a lo bueno. 
El caos, lo malo. El orden, lo bueno. El cosmocentrismo, -despejado así: cosmos+centro+movimiento- supone la existencia de un orden superior que determina el lugar que ocupa cada cosa e individuo. El teocentrismo y antropocentrismo, harto conocidos por todos, combaten entre sí puesto que donde el antropocentrismo ordena, desordena el teocentrismo o desordena el cosmocentrismo. Como se ve, son categorías vetustas: teocentrismo y cosmocentrismo parecen poseer mayor semejanza entre sí que antropocentrismo. Ahora bien, si el antropocentrismo (hombre+... etc.) es visto en crisis en (y a través de) la modernidad, este término pertenece a un orden semántico que lo conjunta con los demás: en tanto que orden supone centro y lo conveniente al poder. La cualidad tal vez más acabada del poder es el de naturalización del orden, o su reificación. En la dramatización del documental (actores) observamos una escena en el supermercado: el lenguaje se plantea allí como sistema de conductas e imposiciones que siempre se transmiten a alguien. Pensar en este plano que se correspondería con el antes mencionado de la cotidianeidad (una escena en el supermercado) sería como hablar. Como bien muestra la escena, la filosofía en la cotidianeidad de ese supermercado se muestra como una conducta marginal, desordenadora y psicológicamente crítica.
Asimismo cuestionar lo natural como lo establecido y sujetado por el poder no supone cuestionar lo entendido clásicamente por natural sino cuestionar qué se entiende por natural en una época. La sociedad de hoy se concibe como sociedad de consumo productivista dependiente de las tecnologías informáticas. Para ilustrar esto en su trance pedagógico el documental escribe la palabra "capitalista" (neologismo exitoso) con la tipografía de la grafía icónica de la marca Coca Cola (y para despistar tal vez, más adelante, "Hobbes" se escribe con igual tipografía). El hecho de que la sociedad actual no es natural (léase nuevamente en natural contingente) lleva a pensar en sociedades distópicas, por ejemplo una también capitalista, pero posnuclear, despótica, eutanásica, etc. 
Walter Benajmin observa el mecanismo de evacuación de la violencia en las sociedades de hoy: se combate a los violentos desde el orden con la violencia (pero no para acabar con la violencia sino para reestablecer el orden). 
Hay "bajada de línea" sobre un modelo de medios en este documental, observable en el periodista hipócrita y superficial o insensible que luego asciende en su carrera a conductor de un noticiero en la TV abierta. La estructura social como modelo consumista condiciona a los individuos a idealizar ciertos nichos profesionales a los que aspiran.  


Dios
Según Aristóteles "el hombre desea conocer por naturaleza". El agnóstico aunque se crea una posición intermedia, es históricamente un invento del creyente. El ateo y el creyente serían dogmáticos según Sztajnszrajber. "Hay temas que escapan a la posibilidad de alcanzar certezas absolutas" según Sztajnszrajber, por ejemplo Dios en el dilema de su existencia o no, promovido, curiosamente, por los mismos religiosos en su afán de exaltarlo. Este afán, como se sabe, es una protocaída ya que mucho más que religiosos, eran teólogos, es decir estudiosos, por lo cual se pudiera advertir que el estudio, no es necesariamente enemigo de Dios sino más bien de los dogmas. En la recreación libre del pasaje famoso de Nietzsche sobre el loco que busca a Dios (La Gaya ciencia) hay esta frase: "asesinos entre los asesinos": de ello se lee que matar se mata lo que muere totalmente, y lo que muere así es lo que se pretende total, absoluto.
Este episodio revisa todos los demás en la mira visionaria de Nietzsche y en el hecho de que, dado el nivel paradigmático que referimos, Dios no es necesariamente (es decir en toda oportunidad) causa eficiente proveniente del estado de poder, como sucede, por ejemplo, entre las masas actuales y como sucedió en filósofos clásicos. 


Lo humano
Lo humano está ligado a la necesidad de hacer definiciones y a la búsqueda de las esencias. Una de ellas, la definición aristotélica: animal racional. La función vegetativa del hombre, común a los demás seres vivos: para reproducción o nutrición, muestra que el hombre no sólo es humano y también (o por ello) muestra su necesidad definicional. Es por ello que también cuando se habla de una función sensitiva (dolor, placer, etc.) esta también pudiera incluirse en la vegetativa. 
El alma, siempre vigente, es lo que mejor nos define, y es "extranatural", así que en este revés paradójico -la mayor elucidación semántica a la que se puede aspirar- el alma no nos define: podemos ser el opuesto binario también, es decir inhumanos. 
Sztajnszrajber ejecuta también la pregunta insípida sobre si vivir en sociedad define o no al hombre. Es evidente que no somos los únicos seres que viven en sociedad.
La noción marxista clásica de alienación en el hombre, donde el poder naturaliza, hace creer al hombre que es libre en su condición de dominado. Así lo humano es alienación también, es contarse la historia contada de ser distinto, y en distinto deben verse los siguientes lexemas: enviado, único, elegido, mejor. El hombre es considerado, así, como animal que se cree diferente. De esto a decir que un animal cualquiera también se cree diferente, hay poco trecho y es necesario decirlo al mismo tiempo que es lógico que se diga. Cf. Schopenhauer: "cada ser vivo es el centro del universo..."
El capitalismo, por su parte, crea la ilusión de que el individualismo y la meritocracia son naturales. La pregunta que se sigue de esto es ¿A qué se será funcional derribado el capitalismo?
El darwinismo es una de las filosofías que mejor cuestionarían las identidades, tales como ésta, la humanidad. Se sobrevive no por adaptarse sino por generar variaciones que por azar se operan en nosotros. Además el darwinismo muestra como pocas filosofías esta imposibilidad de simbolizar lo que sucede en la humanidad, por ejemplo: "Los hombres someten a las vacas, pero las bacterias a los hombres" (Sztajnszrajber). Luego de revisada la noción paradójica de que microorganismos nos "someten", debe tacharse "someter" ya que pertenece a un discurso todavía viciado de ideología y maniqueísmo. Es más claro el término o más "usable" respecto a la relación entre vacas y hombres, pero no tanto respecto a la relación entre hombres y bacterias.


La modernidad
"Antes el hombre fue mero espectador de la realidad. Ahora cree que puede modificar la realidad" (Sztajnszrajber) No es del todo exacto y sin embargo es el mejor legado de la modernidad.
En este episodio hay más discurso cuasi político-propagandístico en su variante conocida: mensaje subliminal; el problema con lo subliminal es que pone todo su empeño en no ser tal; en el nivel de la dramatización "La hora de la verdad" es parodia de "Hora clave" programa político y emblemático de los noventa, Eduardo Malmann es Mariano Grondona, (música, y voz de Malmann-Grondona contribuyen a mostrar lo propagandístico). 
Las propuestas optimistas de la modernidad la sitúan como filosofía perenne. El sentido profundo de "vanguardia" estaría detrás de esta filosofía perenne vista en la modernidad, que mejor lo diría Habermas: "la modernidad es un proyecto inagotable, cualquier propuesta nueva por nueva es moderna, ergo el posmodernismo es modernidad". Posmodernidad o lo después de lo actual como otras escuelas poseen la característica de parecerse más a un prolongado "estado de ánimo". Si es así, permanece utópico. El posmodernismo no hace nada porque critica todo (y la utopía): Sztajnszrajber dice que el posmodernismo "comprende que una causa traiciona el espíritu de la utopía". Es infantil y por ello poderoso. La modernidad pecó por subestimar su hincapié en el cambio: institucionalizó el cambio. Así se ve a la posmodernidad como una suerte de corrección de la mira desviada de la modernidad. 


Lo real
Más mensaje subliminal: las vacas, en la dramatización, "abandonaron la tierra" De pronto -o fantásticamente- las vacas vuelan. Referirlo aquí tal vez no sea ingrato. Incluso referir la consideración de la religión hinduista hacia las vacas. 
Lo real como lo obvio es la materia de la filosofía. 
Por ejemplo la realidad de una hamburguesa: la vaca del mensaje subliminal. Conjeturar que sería posible sobrevivir sin comer carne vacuna, o que una política pudiera hacer recortes a este respecto para repercutir en un beneficio mayor es una posición filosófica no porque sea correcta ni mucho menos sino porque cuestiona lo obvio. Lo mismo sucede cuando se observa la cara incómoda de otra trama de la realidad de una política impuesta por sus intereses (contrainformación). Dicho de otro modo: el mensaje subliminal es pobre, es clarísimo este mensaje, de ahí su pobreza, porque el mensaje claro busca desde siempre hacer filas. Lo bueno aquí, en la dramatización, es la limitación de la perspectiva: la bióloga dice que la vaca volante es una gaviota, el ingeniero dice que es un asteroide desintegrándose. Lo real es la mira o el saber con que se mira algo. 
Queriendo abordar lo real Sztajnszrajber da algunos ejemplos: 
el sentido de las cosas en las cosas (objetivismo aristotélico). 
El relativismo: lo real no existe en sí mismo, es construcción de sentido hecha por el hombre. (Aquí Protágoras: "el hombre, la medida de todas las cosas"). 
Kant o el universalismo: el sujeto constituye al objeto. Pero también sucede al revés. En este sentido los microorganismos pudieran verse como constituyentes más importantes o más activos que nosotros si nos comparamos a nosotros con las piedras, y al microbio con nosotros. Sztajnszrajber va hacia un relato budista, lo real mejor concebido tal vez por cualquier cultura: el discurso del vacío como el silencio: en otras palabras la meditación que no se transfigura en relato porque allí deja de ser el vacío. Al citar a Nietzsche observamos que hay un relativismo en él: no existen hechos, lo real, existen interpretaciones. Las palabras no se refieren a las cosas, sino a otras palabras: esa es la verdadera referencia. 


La amistad
Aristóteles, al parecer bastante conocido por Sztajnszrajber, hablaba de dos amistades: imperfecta (signada por la utilidad, el placer, que depende de un elemento exterior, resumido en la conveniencia: uno de los dos amigos tiene algo que el otro no tiene pero para darle eso a cambio le pide su atención, v. gr., su oído, etc.) En cuanto a la amistad perfecta, la filosofía clásica creía en ella: ser amigo del otro por lo que es en "sí mismo". Si nos referimos, o recordamos el episodio de lo real, el anterior, somos lo que hacemos o tenemos: ahora sí, la amistad perfecta sería algo inconcebible, aquella por la cual se entrega todo en detrimento de la propia conveniencia: perder absolutamente, porque debiera ser condición sine qua non que no quedara un mínimo resto de conveniencia. Para Aristóteles debe haber semejanza y reciprocidad, lo que la hace, como se ve, amistad imperfecta.
Sin embargo la vida se encarga de disolver estas nociones binarias, porque allí donde no hay reciprocidad o semejanza no hay amistad (o eso es la amistad misma sin más) En cuanto a la semejanza: no se puede ser amigo de un burlete. Entonces la amistad se puede homologar a una transacción de servicios. No es cierto que una amiga "Mariana" en el ejemplo de Sztajnszrajber este "marianizando" todo, porque eso sería una especie narcisismo fatal para su amiga y para ella. 
La idea nietzscheana del enemigo como el mejor amigo, el invasor, el que transforma al amigo y no le permite dejarse ir sólo ha sido apenas rozada por la llamada ética del desierto -justamente "el desierto"- de la hospitalidad, trabajada en Camus y Derrida, por ejemplo, la recepción del extranjero, del leproso, el extraño en la tienda. 


La belleza
La belleza era un valor claro antiguamente. La belleza era entonces producto de la proporción, armonía y simetría. Nuevamente debe suceder el planteo de si la belleza es subjetiva u objetiva.
La belleza no está en las cosas (objetiva) ni depende de cada uno (subjetiva). Hay un criterio de belleza, un canon (aunque este canon parece ligado al objetivismo de la belleza). Esto es el realismo estético. 
En la modernidad hay dos definiciones: mimesis (reproduce lo real), y la segunda, el arte como producción de "lo bello". Valga decir que el arte siempre se sostiene en la mimesis, o reproducción de lo real: está es una definición descriptiva ya que lo bello sucede hasta ahora sólo en la humanidad, en el contacto entre el sujeto y el objeto. Por ejemplo lo bello de la fisonomía del cisne nos transforma si el cisne nos produce ese goce intelectual pero nos traspasa a nosotros de otra forma: de ahí que nuestra forma de contemplar la belleza de algo natural y aun la artificial por cuanto tiene su parte natural no puede nunca transmitirse de otra forma. Nada hay descriptivo allí. 
La existencia se supone estetizada hoy, por el consumo (una vasija hoy es tanto o menos bella que una mujer). La belleza como producto del consumo, es vulgar y estereotipada. 
Algo de lo que sucede hoy, efecto de creatividad permanente, es la "estética de la existencia" propuesta en Nietzsche, propia del Nietzsche torpe (por exacerbado), ya que la musa no es tan pródiga con nosotros.
Eso se puede ver en la figura del Dandy en Baudelaire, ya que así, puede implicar el consumo superficial de la belleza industrial del mercado. El ejemplo de un maestro que no debe aburrir en una clase sería estetización al tiempo que teoría moderna de enseñanza que busca el mejorar el efecto de aprendizaje: el goce estético. 
La estetización de la existencia esta prefigurada en la noción de la reproductibilidad del arte de Benjamin que propone que el arte se vuelve más vulgar al ir perdiendo su "aura". Esta palabra tan extravagante supone una relación del hombre con las cosas que se caracteriza por algo más que el mero disfrute/diversión/entretenimiento/pasatiempo. 
Por último, el fenómeno que se supone el corriente en materia de arte, llamado posvanguardia supondría que la vanguardia ha desaparecido "ideológicamente" pero que continúa como apuesta estética.  


Identidad
Identidad, del latín ídem, lo mismo. Se es lo que se quiere ser, pregunta Sztajnszrajber o se es lo que otros quieren que se sea. Algo "inmutable" se requiere para saber quién se es: en Lacan, por ejemplo, el Gran Otro no sé qué.
El principio de identidad desde los presocráticos hasta aquí se presenta como una necesidad de ordenar, no lo real, sino simplemente de "ordenar". Por la identidad se supone "imaginariamente" que una cosa es una y no otra cosa. Pero ¿si las identidades fueran infinitas, aunque esto sea antítesis evidente, valdría esta cualidad o esta característica rescatable de la identidad? La frase famosa: "serás lo que debas ser o no serás nada" resume crípticamente esta disyuntiva: el mal necesario del principio de identidad no tiene fuero para aquello que no se parezca al menos en algo a algo. Sztajnszrajber se deja llevar por la noción de esencialismo y supone un tal "Luis" (actor) desnudado de todo su ropaje en el amplio sentido de la palabra: ropa, ideas, ideologías, fisonomía, costumbres. Pero esto parte por el medio algo que ni siquiera es un principio desde el cual al partir "Luis" (el personaje que hace las veces de ejemplo del hombre común) Sztajnszrajber propone "algo más profundo que lo define", pero lo que define justamente no es nada profundo, son los accidentes. Luego se corrige y se corre a la noción de que una persona es una persona por sus accidentes, y aún es un espécimen de una especie también por sus accidentes. "¿Cómo sabríamos que se trata de Luis? dice Sztajnszrajber. Una cirugía intensa, un cambio tecnológico de la persona, despejaría la duda, cambios que se producen sin acción efectiva del hombre producen otros Luises de los cuales sólo queda el nombre.
Se puede hacer este ejercicio: sí existe una identidad de una Nación pero resulta difícil de abarcar ¿cuál es la identidad del planeta Tierra? No es muy sólida la teoría de que un país con fuertes influencias inmigratorias y reciente "independencia" sea más difícil de identificar que otra con otras características. Pero lo que conforma esta identidad varía de grado, por ejemplo, en los diversos individuos de un país: algunos tienen la característica "buscada" más marcada y otros más débil. 
La identidad en sociedades de consumo supone que las marcas son arbitradoras de las identidades. Más antiguo es considerar la identidad como un texto: un relato que nos contamos a nosotros mismos: v. gr. en el nivel de la dramatización del documental: Luis va a una entrevista de trabajo, lugar donde impera el Otro, y se interpreta interpretando -la tensión psicológica se manifiesta grandemente aquí- la situación de la entrevista según el fin buscado: conseguir el puesto. 


La felicidad
La felicidad es considerada por la antigüedad como el fin de todos nuestros actos. Vista más desde una óptica schopenhaueriana: tal vez un mecanismo de la vida para regenerarse puesto que la felicidad es un éxtasis que se consume en seguida.
En palabras de Sztajnszrajber: "una búsqueda imposible de lo imposible". 
Lo que se lee allí, en lo imposible, es la plenitud. (Decir plenitud es como decir completud cuando se habla del amor). 
Actualmente la vida plena o feliz está asociada al consumo: felicidad como alienación y con una consecuencia evidente de desigualdad social.  
Algo más acertado es proponer las perspectivas o focalizadores de la felicidad por lo cual los demás estarían equivocados según una óptica personal, v. gr. el socrático (este vería en el consumista una felicidad cuyo fin cuestionaría ya que la de él, el socrático, se basaría en el desarrollo del saber. No podría en cambio, de ninguna forma, cuestionar el que esa sea su felicidad). 
La felicidad aristotélica supondría el punto medio, la prudencia, el consumo necesario (algo que no contempla los desbordes). 
El epicureísta, siempre muy chinesco, propondría desligarse de las cosas que generan dependencia, buscando el placer, el hedonismo epicúreo para sentirse bien. Algo así como una suavidad.
La felicidad según el utopismo supondría la creencia en la felicidad aquí en la tierra pero siempre en el futuro. De ahí Hegel: "no se puede ser feliz en un mundo infeliz". Es curioso que esta idea esté en Hegel y al mismo tiempo: es una de las ideas más extravagantes y malsanas jamás habida. Sólo por ello vale.
Según el kantiano: la felicidad privada estaría por debajo de la pública (primero la pública y después la privada, o en tanto haya felicidad pública, habrá felicidad privada). El imperativo categórico ("obra sólo según aquella máxima que pueda querer que se convierta al mismo tiempo en ley universal") tiene una consecuencia sartreana mejorada: lo que se hace contamina del ideal de cada cual al otro y por ello se contemplaría que ese otro pudiera tener otro ideal (a esto se le suele llamar "diversidad"). La consecuencia es que no existe siempre felicidad privada o individual cuando se respeta la pública.
El cinismo del célebre Diógenes supone que la civilización hace infeliz al hombre, y por ello propone el retorno a la naturaleza lo cual no es posible, no es posible ese retorno. 
Finalmente, la felicidad como la búsqueda de resolver las propias limitaciones supone la pérdida de las identidades.


La historia
No se puede saber lo qué pasó en el pasado a menos que el pasado esté integrado al presente: eso es saber el pasado. El pasado está aquí. El pasado como relato es ocultar. La historia es un compendio de celebridades (hombres o hechos, y configuración de ambos). La idea que subyace es la de progreso lineal. La palabra progreso es, se pudiera decir, idiosincrática o ideológica. Los relatos no contados sobre un personaje o hecho (silenciados) muestran que no es lineal o evidente lo narrado como pasado. La visión marxista agrega un dato poco consolador: la explotación cambia, el sometimiento se mantiene. 
Un ejemplo. El 25 de mayo -qué no se sabe qué es- aunque se llama en Argentina (para Argentina) primera forma de gobierno patrio, oculta el asesinato de un tal Juan Quiñones, muerto a latigazos por haber robado comida para sus hijos. ¿Quién se acuerda de él? propone Sztajnszrajber. La historia de Quiñones es falsa dice Sztajnszrajber, ¿pero lo es? 
Pero ¿cómo medir la emancipación de ese 25 de mayo que no sea imaginación? ¿No empezó con el sometimiento de los colonizadores la emancipación, no hay emancipación porque había sometimiento? Y aún así un dato un poco más técnico nos hace ver que no fue liberación aquello, no hubo gran violencia (en el sentido amplio) en 1810. 
Según el Benjamin de Sztajnszrajber la historia es la historia de los vencedores: esto da una idea de victoria. ¿Pero los que vencieron, qué vencieron? Esta terminología es propia de la historia oficial: ni siquiera ellos tienen algún beneficio en ello. Esta idea también es muy endeble.


El amor
El amor se propone como búsqueda de aquello que nos completa. Alcanzar el amor supondría su anulación. Es como cuando se define el deseo. Sztajnszrajber desliza las versiones científicas y metafísicas del amor. La científica: instinto de reproducción (celo), reacción química, liberación de feromonas, -círculo descriptivo vicioso y vacuo-, hipotálamo, excitación sexual, coito, etc. La perpetuación de la especie bajo esta óptica toma el eufemismo de la palabra amor. El hecho de que Sztajnszrajber haga esta división para luego decir muy poco de la versión científica puede tener dos razones: primero su formación es humanística, segundo la ciencia no explica nada así que no dice nada del amor. Las humanidades deliran discursivamente. O tomando una palabra propia de Peter Sloterdijk, "excursan".
En este episodio se hará una adaptación libre de El Banquete de Platón. La actualidad de El Banquete se localiza en que los mitos allí expuestos como relatos, por ello mismo siguen herméticos y por ello mismo cuestionan el orden real: 
La intervención de Fedro, el sofista, condensa lo siguiente: Eros, de los dioses más antiguos, con Gea y Urano crean a todos los demás dioses, son el origen. Los dioses premian a los que se sacrifican por amor. Luego Fedro refiere tres relatos míticos: Alcestis que da la vida por Admeto, su marido; cuando la muerte viene a llevarse a Admeto, Alcestis toma su lugar. Alcestis es recompensada por los dioses. (Amor como sacrificio). Segundo relato: Orfeo (amor narcisista), con su arte, entra vivo al mundo de los muertos y sale con el fantasma de Perséfone que se le desvanece al girarse para mirarlo; Orfeo no habría muerto por amor sino por querer seguir poseyendo a su esposa. No es premiado por los dioses.
El tercer y último relato, el de Aquiles: (amor como desapego) Héctor mata a Patroclo, amante de Aquiles, éste decide vengarse sabiendo que si se vengaba moriría (según una maldición), "se sacrificó por amor" dice Sztajnszrajber y que, a diferencia de Alcestis, amante, Aquiles era "amado" y que los dioses valoran más el sacrificio de los amantes. Este razonamiento es propio de la jurisprudencia que es una suerte de interpretación filosófica del derecho, el amado estaría en una situación más "beneficiosa" de ahí su mayor "mérito" al sacrificarse. 
En la intervención de Aristófanes se propone la teoría de las mitades, el origen del andrógino partido por el rayo de Zeus y la busca de la otra mitad perdida. Este relato tiene semejanzas visibles en el Génesis, v. gr. en el episodio que se condensa con el árbol de conocimiento y su relación con el poder. 
Por último, la siempre última intervención de Sócrates propone que uno ama lo que no tiene y cuando lo encuentra lo quiere para siempre. La idea de Sócrates es optimista se podría decir, porque cree en la unión de dos individuos produciendo una suerte de desinterés. En fin, es para Sócrates la busca de un faltante siempre renovado y por ello el amor a la inmortalidad. Enamorarse es una manera de enamorarse de la humanidad toda (amar algo para hacerlo perdurable, habida cuenta el límite: no se puede amar todo y a todos). Peor aún: los hombres, se diría sin excepción están destinados amar cosas o personas. 


La muerte
«El "sentido" de la vida se acaba cuando "sabemos" qué es la muerte.» (Sztajnszrajber) Esa frase se puede leer a placer.
Uno de los vicios de modernidad supone que el paradigma científico ha desechado la muerte.
He aquí una posible teoría de la manifestación de la muerte: cultura cortoplacista y emparchamiento psicofarmacológico. La manifestación de la muerte no se anula completamente y en el tiempo moderno cobra la forma de la angustia que lleva a un estado de desfase actitudinal. 
Una palabra muy empleada aquí sería el "consumismo", ligado al culto del cuerpo y la calidad de vida. Por ello la ataraxia epicureísta propendiente a anular la angustia parece tener una misma raíz artificial. Se recuerda la propuesta de Epicuro según la cual la muerte no es, porque estamos, y cuando no estamos, la muerte es: ergo, lo que sea que fastidie al hombre, sea muerte o no, lo fastidia. 
La propuesta de Sztajnszrajber "Nuestras vidas se merecen los mejores finales (o muertes)" se diría falsa (aunque no es el término preciso) porque el final forma parte del relato. Esta es una idea que opone a Arendt (la apropiación de la muerte o fabricación de cadáveres) a Shaw quien proponía en Hombre y Superhombre que la muerte siempre es individual, existencial por decirlo de otra forma. En referencia a los desaparecidos, palabra tópica o emblema que refiere la desaparición brutal por sistemática, colectiva y sin exequias, la apreciación que se desprende para todo el género no dista mucho: desaparecidos de militares o de no militares, se sigue siendo un desaparecido. 
Por último, Sztajnszrajber propone que la filosofía funcionaría como postergación o lucha contra la muerte o como un martillazo al poder. Léase postergación como martillo y léase muerte como poder. 






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